Me pareció una buena forma de empezar este 2009, una canción bellisima que forma parte de la banda sonora de un filme ícono del cine romantico de la decada del cincuenta ( angustia de un querer ) con dos grandes de la pantalla Jennifer Jones y William Holden. Espero que la disfruten tanto como yo cada vez que la escucho.
José Luis A.
un espacio abierto a la opinion, debate, discusion, analisis y todo lo relacionado con la musica, el cine y la literatura a traves de la historia de cada genero procurando abarcar todos los estilos, tendencias, orientaciones y evolucion de estas artes.
sábado, 3 de enero de 2009
domingo, 7 de diciembre de 2008
Cinema Paradiso

Hay películas que van mas allá de lo que son "en si" como obra artística, que suman a su valor propio, el constituir símbolo o representación de algo que las trasciende.
Es el caso, creo, de Cinema Paradiso de G. Tornatore, el filme en si no es una obra maestra en todo el sentido del termino, mas bien estamos frente a un melodrama de muy correcta factura, apoyada en un guión que echando mano a todos los elementos constitutivos del genero, sostiene una historia de profundo contenido humano.
El "plus" de la cinta radica a mi parecer en el universo que la contiene: El Cine. Para todos los cinéfilos es imposible escapar a la emoción que nos despierta el ver una historia como la de Alfredo ( P. Noiret ) que casi sin querer guia al pequeño Toto ( S. Cascio ) hacia este "mundo paralelo" que son las películas, y que tanto han significado para quienes las vemos como manifestación superior de la mente y el espíritu humanos.
Para Toto las películas van siendo una escuela de vida, de donde saca lecciones dulces y amargas que marcan su crecimiento, para Alfredo los filmes son un lugar donde se refugia y vive lejos de una existencia real monótona y solitaria, los personajes de la pantalla son su compañía que amortiguan las caídas del diario vivir.
Todo esto es absorbido por Toto, quien ya de adulto ( J. Perrin ) deviene en una suerte de síntesis Alfredo-Toto niño, casi como en una ecuación dialéctica, el Toto adulto, un ser exitoso, adinerado y solitario se re-encuentra con su "vida real" al acudir al entierro de Alfredo quien le ha dejado parte de este universo paralelo de los filmes, como una herencia que va mucho mas allá de algo tazable monetariamente, es difícil para quienes amamos el séptimo arte, ver la escena final sin un "nudo en la garganta" ya que ahí se da cita esa cualidad que va más allá de las palabras ( la escena es literalmente muda ) y que nos confirma el poder que tiene sobre el espíritu y la mente esta expresión artística que sintetiza los sueños, las fantasías y las esperanzas del genero humano.
José Luis A.
Es el caso, creo, de Cinema Paradiso de G. Tornatore, el filme en si no es una obra maestra en todo el sentido del termino, mas bien estamos frente a un melodrama de muy correcta factura, apoyada en un guión que echando mano a todos los elementos constitutivos del genero, sostiene una historia de profundo contenido humano.
El "plus" de la cinta radica a mi parecer en el universo que la contiene: El Cine. Para todos los cinéfilos es imposible escapar a la emoción que nos despierta el ver una historia como la de Alfredo ( P. Noiret ) que casi sin querer guia al pequeño Toto ( S. Cascio ) hacia este "mundo paralelo" que son las películas, y que tanto han significado para quienes las vemos como manifestación superior de la mente y el espíritu humanos.
Para Toto las películas van siendo una escuela de vida, de donde saca lecciones dulces y amargas que marcan su crecimiento, para Alfredo los filmes son un lugar donde se refugia y vive lejos de una existencia real monótona y solitaria, los personajes de la pantalla son su compañía que amortiguan las caídas del diario vivir.
Todo esto es absorbido por Toto, quien ya de adulto ( J. Perrin ) deviene en una suerte de síntesis Alfredo-Toto niño, casi como en una ecuación dialéctica, el Toto adulto, un ser exitoso, adinerado y solitario se re-encuentra con su "vida real" al acudir al entierro de Alfredo quien le ha dejado parte de este universo paralelo de los filmes, como una herencia que va mucho mas allá de algo tazable monetariamente, es difícil para quienes amamos el séptimo arte, ver la escena final sin un "nudo en la garganta" ya que ahí se da cita esa cualidad que va más allá de las palabras ( la escena es literalmente muda ) y que nos confirma el poder que tiene sobre el espíritu y la mente esta expresión artística que sintetiza los sueños, las fantasías y las esperanzas del genero humano.
José Luis A.
domingo, 30 de noviembre de 2008
En el borde del mundo

Este es el titulo de las memorias del juez Juan Guzmán Tapia, editadas por Anagrama y que vienen a constituir un valioso aporte a la hora de revisar bibliografía que revise nuestra historia política. Lo primero que sorprende es que el curso de los acontecimientos quizo que fuese un hombre que nunca se vio a si mismo como parte del "aparato" judicial, quien a la postre juzgara al dictador chileno por su responsabilidad en los crímenes cometidos durante su mandato, en dos casos emblemáticos : caravana de la muerte y calle conferencia.
Pero partamos por el principio, Juan Guzmán se nos presenta como un niño y luego un joven formado en un hogar de profundo contacto con el mundo de la cultura, ávido lector lleno de inquietudes humanistas imbuido de un gran sentido ético y estético a la hora de planificar su vida, rodeado siempre sus primeros años de buena parte de la intelectualidad o intelligentsia de la época, absorbe y asimila una profunda mirada humanista sobre el hombre, es esto que deriva en su elección por el mundo de las leyes, una mirada que busca el equilibrio que se supone restituye la justicia cuando ha sido quebrantado, y que finalmente y virtualmente desemboca en que sea el quien tome causas ejemplares de los horrores cometidos por la dictadura pinochetista.
Lo otro que trasunta el libro es una suerte de mea culpa, autodeclarado hombre de derechas, nunca vio o no supo ver a tiempo y en su momento las reales dimensiones del golpe de estado de 1973, de hecho es uno de los que destapó una botella de champagne al enterarse de lo ocurrido la mañana del once, de ahí en adelante el relato coma el caríz de un viaje al infierno, con algo de relato dantesco, va entrando paso a paso en el infierno de las violaciones a los derechos humanos y va tomando conciencia de la barbarie que cometieron los militares en este aspecto, es ahí donde el jurista, contra todos los poderes del momento ( fácticos y de hecho) se retrotrae a los ideales del joven estudiante de derecho y emprende la labor de restituir el orden alterado, aplicando en profundidad el concepto de justicia.
Quijote que hubo de esquivar cientos de molinos, que buscaban por distintas razones ( desde las de estado hasta las de corte fascista ) el que se procesara y juzgara al autor intelectual de la barbarie, llegó hasta donde pudo.
Nos deja en sus memorias plasmada la vida de un ser profundamente ético y humanista, un profesional responsable y un hombre genuinamente preocupado del prójimo, una lección de vida no solo para quienes siguen las leyes como derrotero profesional, sino para todos los que sienten que la dignidad humana es el bien supremo que debemos cautelar.
Fue una suerte tenerlo como parte del poder judicial en el momento preciso y en las más apremiantes circunstancias, se extrañan jueces de esa estatura moral para administrar un poder de pocas luces y profundas sombras en nuestra historia.
José Luis A.
Pero partamos por el principio, Juan Guzmán se nos presenta como un niño y luego un joven formado en un hogar de profundo contacto con el mundo de la cultura, ávido lector lleno de inquietudes humanistas imbuido de un gran sentido ético y estético a la hora de planificar su vida, rodeado siempre sus primeros años de buena parte de la intelectualidad o intelligentsia de la época, absorbe y asimila una profunda mirada humanista sobre el hombre, es esto que deriva en su elección por el mundo de las leyes, una mirada que busca el equilibrio que se supone restituye la justicia cuando ha sido quebrantado, y que finalmente y virtualmente desemboca en que sea el quien tome causas ejemplares de los horrores cometidos por la dictadura pinochetista.
Lo otro que trasunta el libro es una suerte de mea culpa, autodeclarado hombre de derechas, nunca vio o no supo ver a tiempo y en su momento las reales dimensiones del golpe de estado de 1973, de hecho es uno de los que destapó una botella de champagne al enterarse de lo ocurrido la mañana del once, de ahí en adelante el relato coma el caríz de un viaje al infierno, con algo de relato dantesco, va entrando paso a paso en el infierno de las violaciones a los derechos humanos y va tomando conciencia de la barbarie que cometieron los militares en este aspecto, es ahí donde el jurista, contra todos los poderes del momento ( fácticos y de hecho) se retrotrae a los ideales del joven estudiante de derecho y emprende la labor de restituir el orden alterado, aplicando en profundidad el concepto de justicia.
Quijote que hubo de esquivar cientos de molinos, que buscaban por distintas razones ( desde las de estado hasta las de corte fascista ) el que se procesara y juzgara al autor intelectual de la barbarie, llegó hasta donde pudo.
Nos deja en sus memorias plasmada la vida de un ser profundamente ético y humanista, un profesional responsable y un hombre genuinamente preocupado del prójimo, una lección de vida no solo para quienes siguen las leyes como derrotero profesional, sino para todos los que sienten que la dignidad humana es el bien supremo que debemos cautelar.
Fue una suerte tenerlo como parte del poder judicial en el momento preciso y en las más apremiantes circunstancias, se extrañan jueces de esa estatura moral para administrar un poder de pocas luces y profundas sombras en nuestra historia.
José Luis A.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Tony Manero

Tony Manero es un gran salto cualitativo del director Pablo Larraín en relación a su opera prima Fuga, si en esta última abundaban las imagenes grandilocuentes y un tanto vacuas, dentro de un relato ampuloso y sin nervio, en Tony Manero sorprende gratamente la economía de recursos y lo compacto de un guión que sabe ir al grano de inmediato, manejando los distintos niveles del relato de forma certera y limpia.
Desde la primera escena es decidor el tono y el enfoque que se da a la historia, cuando a Raúl Peralta ( un excelente Alfredo Castro ) le preguntan su nombre contesta Tony Manero, esto da la pauta de todo lo que vendrá a continuación, Peralta no existe virtualmente, Manero es la figura sicológico-político-social que sostiene toda la cinta, un ser enfermo a cuyo alrededor orbitan, por y para el, personajes que justifican su accionar solo en relación a lo que aporten o no aporten al protagonista, un ser desquiciado, prolongación y metáfora de una sociedad enferma y sucia en manos de una dictadura y sus mass media ( en este caso el cine ) donde cualquier actividad antisistemica es vigilada y reprimida por los esbirros del pinochetismo.
Más que un viaje hacia la locura, el filme es un viaje a través de ella, en Tony Manero casi no hay progresión dramática en un sentido estricto, solo dos elementos: la preparación del show y la presentación al concurso, empujan la peripecia.
De alguna forma se impone la lectura política del filme, un ser individual ( Manero ) y uno colectivo ( los jóvenes ) en abierto complemento ( el show ) y choque ( la acción e ideales antidictadura ) que forman un solo cuerpo social en crisis ( aun no resuelta a mi pensar ) que avanza hacia un incierto destino, los jóvenes "presumiblemente" terminan muertos y desaparecidos y Manero sigue su camino de locura y sangre, presa de una mente alienada que no se detiene ante nada.
Sorprende gratamente que un joven director proveniente de una familia que profesa la ideología que fue sustento de la dictadura, haya concebido un filme como este, habla bien de el y de su percepción de nuestro pasado reciente.
José Luis A.
viernes, 31 de octubre de 2008
En qué creen los que no creen?

A comienzos de 1995, la revista italiana Liberal solicitó a Humberto Eco y monseñor Carlo María Martini ( en aquel entonces arzobispo de milán ) sostener una suerte de debate epistolar sobre ética, ad portas del fin del milenio. Este "debate" se recopiló en el libro que lleva por título el encabezado de esta entrada.
En realidad más que debate se trata de un intercambio de opiniones sobre temas fundamentales del humanismo : aborto, sacerdocio femenino, fin de mundo y otros temas concernientes a la moral y la ética desde el punto de vista laico ( Eco ) y católico ( Martini ).
El valor principal del texto, creo, radica en la altura de los postulados, provenientes de dos intelectuales de vasta y profunda cultura lo que enriquece con datos de gran erudición ( sin caer en lo críptico o demasiado denso ) que dificulte la lectura a cualquier persona de cultura media, ya que en el caso de citas concretas, a san agustín por ejemplo por parte de Eco, siempre están fundamentadas y comentadas en su forma y contenido concreto, sin dejar que su cita sea solo dato erudito.
Más allá de las diferencias obvias de estos puntos de vista, nos queda la sensación de que el ser humano como punto de vista central de la creación en su condición o no de creatura de origen divino, esta llamado a constituir un bien en sí, para el, sus semejantes y todo lo que lo rodea, de forma que procure un hábitat y una calidad de vida digna del ser que es. Esto queda de manifiesto con claridad en la preocupación de ambos convocados al confluir en puntos de encuentro más similares de los que se podría esperar, tomando razón de que sea o no creatura de Dios, el ser humano es depositario en sí de algo que lo supera y trasciende, y en esta medida su destino y el del mundo están irremediablemente ligados a lo que el haga conscientemente de su vida y la de sus semejantes.
Lectura valiosa para quien quiera confrontar puntos de vista sobre humanismo, ética y moral en una época de confuso relativismo y pobreza dialéctica.
José Luis A.
En realidad más que debate se trata de un intercambio de opiniones sobre temas fundamentales del humanismo : aborto, sacerdocio femenino, fin de mundo y otros temas concernientes a la moral y la ética desde el punto de vista laico ( Eco ) y católico ( Martini ).
El valor principal del texto, creo, radica en la altura de los postulados, provenientes de dos intelectuales de vasta y profunda cultura lo que enriquece con datos de gran erudición ( sin caer en lo críptico o demasiado denso ) que dificulte la lectura a cualquier persona de cultura media, ya que en el caso de citas concretas, a san agustín por ejemplo por parte de Eco, siempre están fundamentadas y comentadas en su forma y contenido concreto, sin dejar que su cita sea solo dato erudito.
Más allá de las diferencias obvias de estos puntos de vista, nos queda la sensación de que el ser humano como punto de vista central de la creación en su condición o no de creatura de origen divino, esta llamado a constituir un bien en sí, para el, sus semejantes y todo lo que lo rodea, de forma que procure un hábitat y una calidad de vida digna del ser que es. Esto queda de manifiesto con claridad en la preocupación de ambos convocados al confluir en puntos de encuentro más similares de los que se podría esperar, tomando razón de que sea o no creatura de Dios, el ser humano es depositario en sí de algo que lo supera y trasciende, y en esta medida su destino y el del mundo están irremediablemente ligados a lo que el haga conscientemente de su vida y la de sus semejantes.
Lectura valiosa para quien quiera confrontar puntos de vista sobre humanismo, ética y moral en una época de confuso relativismo y pobreza dialéctica.
José Luis A.
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en qué creen los que no creen
Bergman island

En la primera parte de su autobiografía ( Linterna Mágica ) Bergman nos dice ".cada vez que me preguntan por aspectos de mi vida personal contesto vean mis películas, ahí esta todo...".. esta frase que suele ser recurrente en muchos cineastas, en el, tiene un sentido literal, así queda demostrado en el magnifico documental Isla Bergman de Marie Nyreröd fechado en 2006, es en rigor, la última entrevista en extenso al genio sueco en su casa de la isla de färo, lugar que había conocido buscando locaciones para tras un vidrio oscuro y que habría de convertirse en su último refugio, que Bergman haya elegido vivir y morir en una isla no es casual, el mismo fue una isla durante su vida, y su obra también de algún modo, una isla poblada de fantasmas, demonios y dudas que resolvió solo en parte al final de sus días según confiesa.
El documental va insertando en la entrevista parte de sus filmes emblemáticos, dando cuenta así de que vida y obra en este caso fueron una sola, lo que constituye el más fidedigno caso de artista, ya que se supone que el artista trabaja en base a si mismo como primer material de su obra, en el caso de los cineastas esto es primordial ( hay diferencia entre ser cineasta y director de cine ).
Bergman repasa su infancia marcada por un padre castigador y severo y una madre poco afectuosa, el cine fue un refugio y una cosmogonía, el lugar donde las dudas y los demonios toman forma y actúan, exorcisando en alguna medida los fantasmas del yo al sacarlos de la conciencia e instalarlos en una pantalla.
Da cuenta de la relación con sus mujeres y su familia: "He sido perezoso en el tema familiar", dice al hacerse cargo del virtual abandono en el que crió a sus hijos, y al preguntarsele por la relación con sus actrices, nos dice: "hay algo profundamente erótico en el cine y el teatro, y no podemos reducir a dos palabras o un concepto una relación de este tipo".
Gran registro filmico de un artista fundamental, que vive sus últimos años reflexionando sobre los temas que siempre lo angustiaron y que va resolviendo cuestiones fundamentales de su vida, esa que supo reflejar de manera genial en su obra. Bergman, el eterno jugador de ajedrez de El séptimo sello que finalmente creyó encontrar la respuesta a su eterna duda cuando le confiesa a la entrevistadora que esta seguro de reencontrarse con su primera mujer en el más allá, sea donde sea que se encuentre ese lugar.
José Luis A.
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